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Saturday, July 24, 2010

HIJO PRÓDIGO, ¡VUELVE!




HIJO PRÓDIGO, ¡VUELVE!
               Hijo mío, de veras dame tu corazón.
                       Proverbios 23:26
 


Tu Padre celestial mira desde lejos.
Te ha visto tambalear en los caminos,
resbalar en el barro y ensuciarte,
magullarte entre abrojos y entre espinos.
Te ha escuchado decir palabras necias,
te ha dejado aplaudir a los estúpidos,
tolerar indolente la injusticia
y aprobar sin escrúpulos lo absurdo;
recordar con desgano su consejo,
repetir opiniones insolentes,
paladear la miel agria del pecado,
y contristar su espíritu impelente.

Es generoso al evaluar tus faltas;
no lleva un inventario denigrante
para traerte a cuentas exhaustivas,
para acusarte en pleitos humillantes.
Como un médico atento,
cuenta tus pulsaciones
y escucha muy a dentro de tu pecho
la sístole y la diástole que indican
si aún tu corazón palpita sano,
si puede recobrarte y conducirte
al redil donde aguardan tus hermanos.

¿Qué provecho te hicieron las lentejas
malamente guisadas y servidas
en la mesa de este mundo?
Hoy, igual que Esaú, estás vacío,
quizá añorando lo perdido llores
deseando arrodillarte ante tu Padre
implorando de nuevo sus favores.

Él no quiere tu muerte y tu fracaso.
Él dijo: "Tienes que escoger la vida."(Deut.30:19)
El Diablo quiere hacerlo un Dios de muertos
para que dé su causa por perdida.
Satanás, maquinando el genocidio,
quiere hacer que la tierra exista en vano
como un gran cementerio silencioso
donde nadie levante una alabanza
hacia el Nombre del Todopoderoso.

Lo quiere convertir en Rey sin súbditos;
lo quiere degradar aun Dios de nadie;
hacerlo un escultor escarnecido
avergonzado de lo que creó,
que se ve lapidado y repelido
por la piedra que él mismo modeló.

No le des la victoria al Adversario
que busca confundirte y retenerte.
No demores, Dios tiene ya extendidos
los brazos del amor para atraerte.
Hay un banquete enorme preparado;
hay música, hay manjares y alegría
para el hijo que vuelve desgarrado.
El tiene ropa nueva para darte,
no te quiere exhibir como un mendigo.
Te da un anillo de oro como símbolo
de renovada relación contigo.

No vuelvas a la dieta de los cerdos
ni entierres el dolor de tu conciencia
en las sendas lodosas de este mundo
que te ignoró con fría indiferencia.
La casa de tu Padre es el refugio
donde los leños del hogar chispean
con el calor genuino, inextinguible,
que el propio corazón de Dios genera.

"Dios es amor". Él no ha de llevar cuenta
del daño o del agravio que hayas hecho
a su bendita causa salvadora,
si sientes el dolor de haberle herido
y prometes que no reincidirás.
Como dijo David ante él postrado,
Dios no podría despreciar la ofrenda
de un corazón doliente y aplastado. (Salmo 51:17)

Es tarde, las rebuscas ya terminan;
los ángeles cosechan con apuro.
El ocaso del mundo nos envuelve
en un manto patético y oscuro.
El Padre da una última mirada
y escruta los caminos polvorientos.
Se amontonan las nubes de tormenta.
Se están por desatar los cuatro vientos.
¡Vuélvete a casa, hijo negligente!
Muy pronto ya, la siega habrá pasado.
Que no tengas que estar con los que digan:
"¡El verano acabó y no estoy salvado!" 
                                  (Jeremías 8:22)



 
       Álef Guímel
      Reflexiones de un Guijarro

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