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Monday, November 22, 2010

101 razones por las que tenemos que predicar


101 RAZONES POR LAS QUE TENEMOS QUE PREDICAR Predicación, servicio del campo, servicio informal, telefónico, por carta, por mensajes, revisitas y estudios… son muchas las facetas de nuestro servicio de declaración y sin embargo una labor, la de „hacer discípulos‟. Pero ¿Por qué hacerlo? ¿Lo ha meditado usted? ¿Por qué razón sale a predicar usted? ¿Qué es lo que lo motiva a salir al campo? ¿Qué lo motiva a hacer revisitas? ¿A predicar a su vecino, amigo, o conocido? ¿Qué? Sea lo que sea, debemos tener esa razón bien arraigada en nuestro corazón, o de lo contrario, jamás podríamos tener ese gozo de salir al campo. Si meditamos un poco, nos daremos cuenta de que hay muchísimas razones por las cuales debemos predicar, y a fin de cuentas, creo que la pregunta seria ¿Por qué no? La verdad es que, si alabamos a Jehová todos los días de nuestra vida, seremos muy felices. Ahora bien, hagamos un ejercicio, anote en un papel todas las razones por las cuales es útil, beneficioso o bueno salir a predicar, las que se les ocurra, ahora bien, vea cuál de ellas es su motivación personal, cuál de esas razones tienen más peso para usted, ¿la vio? Ahora compare con estas 101 razones, y vea, si alguna de estas encaja con la suya y además, también lo invito a ver cuál de estas le gusta más y pregúntese, ¿Por qué hasta ahora no he podido dar más de mi servicio a Jehová? Ahora le invito sinceramente a que analice detenidamente estos puntos que elegí y junto con ellos los textos, sea que los conozca o no y vea porque la importancia de efectuar esta inmerecida labor. Ciertamente espero que estos 101 motivos le ayuden a servir más con corazón completo a Jehová y ¿Por qué no? Que le estimulen a convertirse en precursor o aumentar más su servicio…
RAZONES Y MOTIVOS POR LAS QUE JAMAS DEJAREMOS DE PREDICAR…
1. La principal razón que nos impulsa a dar testimonio de casa en casa o participar en otras facetas del ministerio cristiano es el deseo de colaborar en la proclamación del nombre de Jehová (Éxodo 9:16; Salmo 83:18).
2. Predicar es una de las mayores tareas que tenemos encomendadas (Mateo 28:18-20), y como nos la mando aquel cuya „autoridad le fue conferida por Jehová‟, no cumplirla seria defraudar a Jehová mismo. (Luc. 9:35).
3. Predicar fue la comisión más importante que realizo Jesucristo, y como sus seguidores tenemos que efectuarla; y ¿Como no hacerla? si es en esta misión donde radica precisamente la clave para ser un auténtico seguidor de Cristo. (Lucas 4:43; 1Pe 2:21; 1Cor 11:1).
4. La predicación es una obra que salva vidas (Salmo 96:2; 1Ti 4:16).
5. Además que Nuestra vida también depende de hacerlo (1Ti 4:16).
6. Salimos al servicio porque sabemos que no hay mayor privilegio que el de representar al Señor Soberano Jehová y ser sus Testigos (Isaías 43:10-12).
7. Ciertamente estamos al tanto de que esta comisión les fue dada „directamente‟ a los ungidos, sin embargo, como estamos en deuda con todos aquellos que fueron comprados con la sangre de Jesús y tenemos la obligación de ayudarlos espiritualmente. (Rom. 1:14,15).
8. Si salimos y damos lo mejor de nuestras fuerzas y poder en el ministerio, le estaremos demostrando a Jehová que realmente queremos amarlo como dijo Jesús en Marcos 12:30. Y eso a fin de cuentas, será como dar una bofetada a Satanás, quien no quiere que le sirvamos con fidelidad (Prov. 27:11).
9. Lo que nos mueve a predicar a la gente es nuestro amor a Jehová y nuestro amor al prójimo. (Mateo 22:37, 38) Porque después de todo, cuando meditamos en lo que dentro de poco le espera a la humanidad, ¿Cómo podemos dejar de avisar a nuestro prójimo? (2 Timoteo 4:2.)
10. Entendemos que no hay manera más importante de emplear el poder de la lengua que proclamando las buenas nuevas del Reino de Dios. “No retengas el bien de aquellos a quienes se les debe, cuando sucede que está en el poder de tu mano hacerlo”, señala Proverbios 3:27. Tenemos el deber de llevar al prójimo el urgente mensaje de salvación que con tanta generosidad nos ha dado Jehová; guardárnoslo sería una muestra de egoísmo (1 Corintios 9:16, 22).
11. Al predicar nos estamos haciendo „colaboradores‟ de Jehová. (1Co 3:9)
12. Al predicar estamos haciéndonos esclavos del mejor amo que alguien podría tener, Jehová Dios. Por consiguiente, las decisiones que tomamos al respecto reflejan nuestro amor a Dios y el grado al que estamos dispuestos a hacer sacrificios personales (Mt. 16:24).
13. Salir constantemente al servicio aviva nuestro amor hacia Él y fortalece nuestra fe (Salmo 40:8,9).
14. Salir a enseñar a otros acerca de la Palabra de Dios es una tarea gratificante que nos hace sentir felices.
15. Al salir a predicar demostramos públicamente que nuestra prioridad es el reino de Dios (Mt 6:33).
16. Cada vez que visitamos a una persona en su hogar, tratamos de plantar la semilla de la verdad bíblica. Al volver a visitarla, procuramos regar lo plantado. Y puede producirse un beneficioso efecto acumulativo, pues Pablo escribió: “Yo planté, Apolos regó, pero Dios siguió haciéndolo crecer” (1 Corintios 3:6).
17. A pesar del rechazo, sabemos que tanto las circunstancias como la actitud de la gente pueden cambiar, por ello no dejamos „descansar la mano‟. (Ecl 11:6).
18. Sabemos que el éxito de nuestra obra no depende de que nos escuchen o no, si no de seguir efectuando nuestra tarea de ir a „sembrar la semilla‟ (Ecl 11:4-6).
19. Al predicar „La Verdad‟ a las personas acerca de Jehová y su reino, ayudamos a desbaratar las mentiras que por tantos años Satanás ha difundido. Como testigos de Jehová, ansiamos contribuir a que se desenmascaren las calumnias satánicas y se santifique el nombre de Dios ante la humanidad (Isa 5:16; Eze 36:23).
20. Al predicar nos hacemos participes de la obra más importante y grande del mundo. (Mt. 24:14).
21. Al predicar estamos dando testimonio de que estamos en La Verdad
22. Al predicar estamos dejando claro que „no somos parte del mundo‟. (Juan 17:15-17.)
23. Ciertamente nos da gozo saber que esta obra alaba el nombre de Jehová (Salmo 148:12, 13). Por ello no dejamos de hacerla.
24. Ir de casa en casa con las buenas nuevas nos ayuda a cultivar humildad, sobre todo cuando no nos reciben amablemente. (Sant. 4:6)
25. Predicar constantemente nos hace más diestros en esta tarea y nos ayuda a disminuir ciertas actitudes como la timidez, el miedo, el orgullo, el egoísmo, la indiferencia, la apatía (Efe. 4:22; 2Ti 2:15).
26. El salir al servicio constantemente nos ayuda a cultivar buenas cualidades como la constancia, la diligencia, el gozo, la elocuencia, la bondad, el valor, el denuedo, etc. (1Ti 4:6; 2Pe 1:5-8).
27. El salir a predicar bajo ciertas adversidades y peligros nos ayuda a confiar más en Jehová (Salmo 9:10; Prov. 18:10)
28. La predicación continua nos ayuda a mejorar nuestra habla, y a cuidar más nuestras palabras (Colosenses 4:6).
29. La evangelización también nos impulsa a confiar en el espíritu santo de Dios (Zacarías 4:6).
30. Al contar con el espíritu santo, este actúa en nosotros haciendo que su fruto —“amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad, autodominio”— se haga patente en nuestro ministerio (Gálatas 5:22, 23). Influye en la forma en que tratamos a la gente, pues ceder a la guía del espíritu mientras declaramos las buenas nuevas nos permite manifestar amor, ser personas gozosas y pacíficas, así como desplegar gran paciencia, bondad, benignidad, fe, apacibilidad y autodominio.
31. La predicación constante nos ayuda a mantener la mente en las cosas de arriba y evita que caigamos en la „inconstancia‟. (Tito 3:14; 2Pe 1:8)
32. La participación regular en la evangelización nos mantiene concentrados en los asuntos espirituales (Lucas 11:34). Esto es muy beneficioso, pues de otro modo podríamos ceder a las tentaciones materialistas, tan abundantes en este sistema. (1 Juan 2:15-17).
33. Mantenernos ocupados en la evangelización, con mucho que hacer en la obra del Señor, impide que amemos al mundo (1 Corintios 15:58).
34. Al salir a dar testimonio damos „declaración pública de nuestra fe‟ y demostramos que no nos avergonzamos de las buenas nuevas‟. (Heb. 10:23; Ro 1:16).
35. Otra bendición de la que disfrutamos los evangelizadores es que nos hacemos más comprensivos. Cuando la gente habla de sus problemas —enfermedades, desempleo, dificultades en el hogar—, no asumimos el papel de consejeros, sino que les mostramos textos bíblicos que animan y consuelan. (Mateo 5:4; 1Te 5:14)
36. Por otro lado, salir a predicar ayuda a ser más sociables con la gente, además de que forja un carácter agradable. (Mr. 2:13)
37. Salir al servicio hace que nos interesemos por las personas que han sido cegadas en sentido espiritual, pero que parecen tenerle amor a la justicia (2 Corintios 4:4). ¡Y qué bendición es dar ayuda espiritual a quienes están “correctamente dispuestos para vida eterna”! (Hechos 13:48.
38. La experiencia en el ministerio nos enseña a actuar con tacto.
39. El predicar con gente de diferentes nacionalidades alimenta en nosotros una actitud imparcial (Hch. 10:34,35).
40. La predicación celosa del Reino produce beneficios permanentes, como lo es, el „acumular tesoros en el cielo‟ (Mateo 6:19-21).
41. Predicar cuanto podamos es un indicativo para Jehová de que deseamos cumplir con nuestra dedicación (Vea Lucas 17:10).
42. Salir a predicar las buenas nuevas es solo una muestra de gratitud que podemos darle a Jehová por todo lo que Él inmerecidamente nos ha dado, y aunque sabemos que jamás podremos igualar sus regalos, el simple hecho de saber que le hace feliz a Jehová el vernos predicar es razón suficiente (Colosenses 1:10; Isa 52:7).
43. Como sabemos que la predicación también es supervisada por ángeles, vemos la predicación como un inapreciable privilegio que no queremos dejar pasar. (Rev. 14:6.)
44. Como no queremos que Jehová nos acuse de algún derramamiento de sangre aprovechamos todo momento y lugar para predicar o hablar del mensaje, directa o sutilmente a vecinos, compañeros de escuela, trabajo, transeúntes, y demás. (Hch. 20:20, 21, 27).
45. El no salir a predicar seria negligencia de nuestra parte. O acaso, si tuviéramos la cura de una enfermedad en medio de una epidemia… ¿No actuaríamos de inmediato para salvar a cuanta persona encontráramos? ¿Qué clase de enfermedad afecta a todo el mundo en general? (Efe 2:2) ¿De qué cura disponemos? (Jn 8:32) 46. Concordamos al igual que un hermano que “Cuando predicamos, estamos „bajo la mirada de Dios‟ y „en compañía con Cristo‟” y eso para nosotros es algo „¡Fantástico!‟.
47. Salir al servicio no solo estrecha mas nuestra amistad con Jehová sino que además nos hace ver „literalmente‟ su mano apoyándonos de cerca, algo que en cualquier otra faceta de la adoración no la podríamos ver tan claramente. (LEA PORFAVOR 2Timoteo 4:16-18) 48. Como „ATALAYA es lo que Jehová ha hecho de nosotros‟, dar advertencia a la gente del Día de Jehová es una obra INDISPENSABLE si queremos llamarnos a nosotros mismos „testigos de su nombre‟. (Eze. 3:17).
49. El apóstol Pablo reconoció su responsabilidad como Atalaya, al declarar a los ancianos de Éfeso: “Por eso los llamo para que este mismo día sean testigos de que estoy limpio de la sangre de todo hombre”. ¿Por qué podía decir eso? Pasa a decir: “Porque no me he retraído de decirles todo el consejo de Dios”. (Hechos 20:26, 27.) Lo mismo sucede con relación a la clase del atalaya de hoy, el resto de seguidores ungidos de Jesucristo. Todos estos, junto con más de siete millones de compañeros que tienen la esperanza de sobrevivir al fin de este sistema de cosas y recibir vida eterna en la Tierra, tienen que perseverar sin aflojarse en predicar las buenas nuevas del Reino de Dios y avisar a otros que la ejecución de Su juicio se aproxima. De esta manera evitan llevar culpa por sangre.
50. LA PREDICACION ES UNA OBRA QUE NO SE REPETIRA por lo que hacemos lo posible por participar en ella antes de la Gran Tribulación. Puesto que esta obra salvadora no se repetirá jamás, esta es nuestra última oportunidad para darnos del todo a ella. “Ahora es el tiempo especialmente acepto”; sí, “ahora es el día de salvación”. (2 Corintios 6:2; 1 Cor. 1:26-31)
51. Como sabemos que al estallar la Gran Tribulación, el valor será indispensable para no fallarle a Jehová, no queremos ser „perezosos‟ ahora y por eso predicamos más que nunca para que cuando llegue ese día, cobremos más valor del que tenemos aun ahora. (1Te 2:2; Eze. 38:14-16)
52. Hablar constantemente de las enseñanzas bíblicas cimienta bien nuestra fe y fortalece nuestra confianza en la Biblia, la Palabra de Dios. (Salmo 40:8-10; 2 Corintios 3:3)
53. De nuevo, la predicación y la enseñanza constante de las buenas nuevas aviva nuestro celo por tales, y nos hace crecer en sentido espiritual rápidamente.
54. Al predicar en grupo las miles de familias espirituales de testigos de Jehová cumplimos varias profecías Bíblicas, entre ellas: Mateo 24:14 y Marcos 13:10.
55. Al salir a predicar con nuestra familia carnal, enseñamos a nuestros hijos el valor de la constancia y la enseñanza
56. Al salir a predicar en pareja (matrimonio) fortalecen mas sus lazos y su amor a la verdad
57. Al salir a predicar con nuestros hermanos cristianos, se ve fortalecida la unión y la paz que debe reinar en las congregaciones.
58. Al salir a predicar con hermanos maduros espiritualmente, podemos aprender más de ellos y si lo ponemos en práctica, hacernos más diestros.
59. Al salir a predicar damos muestra de que confiamos plenamente en las promesas divinas de un futuro mejor (Tito 1:2).
60. Si efectuamos nuestra labor con constancia y prontitud demostraremos la confianza que tenemos de que nuestra labor para Jehová „no es en vano‟. (1Cor 15:58; Heb 6:10).
61. Predicamos además por la urgencia de los tiempos en que nos encontramos y por lo mismo compramos todo el tiempo que queda efectuando esta obra. (2Ti 3:1; 4:2; 1 Pedro 4:7)
62. Predicamos con abnegación porque tenemos muy presente que el tiempo que queda esta reducido (1Cor 7:29; Romanos 13:11)
63. Predicamos el Reino y hacemos discípulos porque reconocemos la autoridad de Cristo, quien dio esa comisión de „ir a hacer discípulos‟. (Mt 28:18 compare con Mateo 5:41).
64. Participamos además en esta Gran Obra porque queremos disfrutar del único trabajo en este mundo que es supervisado y respaldado por Nuestro rey Jesucristo (Mt 28:20; Hch 18:9,10).
65. Puesto que al igual que Jesús vemos que „los campos están blancos para la siega‟. Los adoradores verdaderos del Amo le piden más obreros y, al mismo tiempo, actúan en armonía con sus oraciones al esforzarse vigorosamente en la obra de hacer discípulos (Proverbios 10:4, 5).
66. Tal como el profeta Amos, el temor piadoso de Dios, nos impulsa además a predicar con celo estas buenas nuevas de alabanza para no caer en su desagrado. (Amós 3:8;7:15)
67. Al seguir predicando las buenas nuevas del Reino, nosotros mismos nos mantenemos vigilantes. Permanecemos al tanto de la importancia del nombre y el propósito de Jehová. Si nos aflojamos, pudiera diebilitarse nuestra esperanza del Reino, y quizás nos arrastraran las „inquietudes y las riquezas y los placeres de esta vida y no lleváramos nada a perfección‟. (Lucas 8:14.) Al perseverar celosamente en la obra de declarar “las buenas nuevas”, seguimos fielmente los mandatos de nuestro Amo, Jesucristo: “Sigan mirando, manténganse despiertos, porque no saben cuándo es el tiempo señalado. Pero lo que les digo a ustedes, a todos lo digo: Manténganse alerta”. (Marcos 13:10, 33, 37; Mateo 24:42).
68. Predicamos además porque sabemos lo peligroso que sería estar pagando al cesar mundanal nuestro tiempo y energía, cuando estas „cosas‟ deberíamos estar dándoselas a Dios. (Marcos 12:17)
69. Predicamos con amor por qué tenemos muy presente que por esta misma obra se nos encontró y enseño. De no haber sido por la misma, quizás jamás hubiéramos conocido a Jehová ¿No es razón suficiente?
70. Cuando participamos en el ministerio, constituimos una prueba evidente del amor de Jehová por nuestro semejante. Sin duda, esta es una de las razones por las que sentimos gozo y satisfacción cuando realizamos esa importante obra.
71. Predicamos por que al igual que Jehová queremos que todos lleguen a un conocimiento exacto de la verdad y así se salven (1Ti 2:3,4).
72. Predicamos porque queremos pescar hombres para que conozcan y amen a Jehová tanto como nosotros (Mr. 1:17).
73. Salimos a predicar siempre que podemos porque tenemos en mira las muchas bendiciones que Jehová ofrece a sus trabajadores leales. (Sal 37:28,29).
74. Si tenemos fe en el reino prometido de Jehová entonces tenemos que demostrarlo dando testimonio cabal acerca de él, predicando y enseñando las buenas nuevas de ese reino a otros. Si nos quedáramos callados, Jehová haría que clamen las mismísimas piedras. (Luc. 19:40)
75. Predicamos en tiempo favorable y dificultoso porque entendemos que ser seguidores de Cristo implica hacer ciertos sacrificios, aun así también comprendemos que si desistimos no llegaríamos a ser dignos de Cristo (Mt 16:24; 10:38).
76. Entendemos que estar dedicados y bautizados no lo es todo, y para realmente conocer a Jehová debemos „buscarlo‟ forjando y conservando una estrecha relación personal con él junto a su organización terrestre. Cosa que si no predicáramos, no podríamos cumplir. (Isa 55:6; Sof. 2:3).
77. Al predicar logramos ayudar a Jehová a sacar a „las cosas deseables‟ (personas) de las naciones, y ellas invocan Su nombre con fe en el sacrificio de Jesús antes de la sacudida culminante de la gran tribulación. (Ageo 2:7; Juan 6:44; Hechos 2:38, 39.)
78. Participamos en el ministerio porque hemos llegado a conocer las cualidades y el modo de actuar de Jehová. Nos sentimos cerca de él y tenemos un intenso deseo de hablar sobre nuestro Dios a otras personas. La verdad es que la bondad de Jehová y sus justos caminos nos deleitan tanto que no podemos dejar de hablar de él (Salmo 145:7-12). Nos sentimos impelidos a alabarlo y anunciar sus “excelencias” a cuantos quieran escuchar (1 Pedro 2:9; Isaías 43:21).
79. Otra importante razón para seguir adelante con nuestro ministerio es que deseamos con sinceridad proporcionar alivio a quienes están abrumados por la avalancha constante de malas noticias y sufren por uno u otro motivo. En este aspecto, procuramos imitar a Jesús. Pregúntese ¿Qué siente cuando ve la expresión de las personas cuando les enseña usted en su propia Biblia acerca de las promesas o las verdades confortantes de Dios? ¿No es verdad que esa sensación que sentimos es incomparable?
80. Al igual que Jesús, predicamos porque vemos el estado en el que se encuentran sumergidos toda la gente del mundo, y como„iluminadores‟, el corazón nos impulsa a hacer todo lo posible por seguir llevándoles las buenas nuevas (Mateo 5:14; 22:39; Flp 2:15). Mantener una motivación tan noble ciertamente nos mueve a seguir predicando las buenas nuevas sin aflojar el ritmo. (Marcos 6:31-34)
81. Ciertamente cuando nuestro corazón abunda en amor a Dios, éste nos mueve a salir en defensa del nombre de Jehová. (Sal. 40:5-10) ¿O acaso no se siente impulsado a contestarle a las personas que dicen que Dios es insensible o mezquino? ¿No se siente impulsado a aclarar las dudas de quienes preguntan?
82. Estamos agradando a Jehová cuando participamos en el cumplimiento de la profecía bíblica al dar testimonio y un mensaje de advertencia (2Tes. 1:6-9).
83. Este Salmo exclama: “Los que te son leales te bendecirán [a Jehová]. Dirán de la gloria de tu gobernación real, y hablarán de tu poderío, para dar a conocer a los hijos de los hombres los actos poderosos de él y la gloria del esplendor de su gobernación real” (Salmo 145:10-12) Así es: predicamos a fin de alabar a Jehová públicamente y santificar su nombre ante toda la humanidad. Hasta cuando nos escuchan pocas personas, nuestra proclamación fiel del mensaje de salvación trae alabanza a Jehová.
84. Sabemos que, aunque posiblemente haya días en que ninguna persona salga o nos escuche, con el simple hecho de haber salido, con nuestra vestimenta y portafolio, habremos dado „testimonio‟ (Mt 24:14).
85. El apóstol Pablo sentía que declarar las buenas nuevas era una deuda que tenía con las personas, pues la voluntad de Dios es “que hombres de toda clase se salven” (1 Timoteo 2:4). Hoy día sentimos el mismo amor por nuestro semejante y la misma obligación para con él.
86. El amor de Jehová a la humanidad lo motivó a enviar a su Hijo a la Tierra para que muriera por ella (Juan 3:16). Fue un gran sacrificio. Imitamos el amor de Jehová cuando dedicamos tiempo y energías a hablar a los demás de las buenas nuevas de salvación basadas en el sacrificio de Jesús.
87. Como no queremos que el sacrificio de Jesucristo sea en vano, nos esforzamos al máximo por seguir buscando gente a la que Jehová pueda decirle „su testigo‟.
88. Predicamos además, porque si tenemos la mente de Cristo, veremos a cada persona del territorio como futuros posibles hermanos. Después de todo, la mayoría de nosotros o algún familiar nuestro en algún tiempo tuvieron que ir a predicarnos.
89. Entendemos que Jehová ya no acepta sacrificios como antes, pero si acepta que le demos „fruto de labios‟, es decir, la tarea de dar testimonio de las buenas nuevas del Reino y hacer discípulos de Jesucristo, dicho „sacrificio‟, es decir, nuestra participación celosa en el ministerio es muy agradable a Dios, como el olor conducente a descanso de una ofrenda quemada. (Hebreos 13:15; Exo 29:18; Efe 5:2; 2Cor 2:15).
90. (Léase Isaías 32:20). Cumpliendo cierta profecía de Isaías, somos personas dispuestas a trabajar empleando publicaciones para sembrar semillas de la verdad del Reino por toda la Tierra, literalmente “junto a todas las aguas”. Ya se han cosechado millones de hombres y mujeres temerosos de Dios, y muchas personas más se les están uniendo (Revelación 14:15, 16). A todos ellos se les puede considerar verdaderamente “felices”.
91. Somos persistentes en esta obra para evitar „cansarnos‟ (Gálatas 6:9; Hebreos 12:3) y para poder predicar hasta que mas „no quede territorio sin tocar‟ (Ro 15:23). Incluso hasta en áreas donde ya se ha trabajado cuidadosamente y donde la mayoría de la gente no responde, todavía se obtienen algunos resultados.
92. Predicamos también porque si desistiéramos, como Jeremías „En nuestro corazón llegaría haber un fuego‟ que al final nos impelería a seguir proclamando la verdad. (Jeremías 20:7-10.)
93. Cuando la gente rehúsa escuchar, tenemos la oportunidad de probar la profundidad de nuestro amor y devoción a Jehová al persistir en hacer lo correcto. (1 Juan 5:3.)
94. La predicación de las buenas nuevas como “testimonio a todas las naciones” es base para juicio. El apóstol Pablo aclara esto cuando indica que Cristo Jesús traerá venganza sobre “los que no conocen a Dios y sobre los que no obedecen las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús”. (2 Tesalonicenses 1:8, 9.) Se juzgará a las personas por cómo responden a las buenas nuevas. Por eso, la predicación tiene que continuar con vigor y claridad hasta el mismo fin. (Revelación 14:6, 7.) Nada debe impedir que este mensaje vital sea llevado a la gente con la mayor frecuencia posible. Esto pone una gran responsabilidad sobre todos los siervos dedicados de Jehová.
95. Entendemos también que si dejáramos de predicar por que „el territorio estuviera muy trabajado o abarcado‟, como en el mundo suceden tantas cosas, aunque muchas personas hayan oído nuestro mensaje, pronto lo olvidarían si dejáramos de predicar; tenemos que continuar predicando para mantener nuestro mensaje ante la gente a pesar de todas estas otras cosas que atraen su atención.
96. “Jehová es un Dios de juicio. Felices son todos los que se mantienen en expectativa de él”. (Isaías 30:9-11, 18.) Nosotros debemos hacer lo mismo. Mientras persistamos, nuestro mensaje tendrá algún efecto. Algunas personas escucharán y otras no. Pero todas tendrán la oportunidad de oír.
97. Es necesario recordarle de continuo a la gente que “todo el que invoque el nombre de Jehová será salvo”. Sin embargo, como pasa a decir Pablo en su carta a los romanos: “¿Cómo invocarán a aquel en quien no han puesto fe? ¿Cómo, a su vez, pondrán fe en aquel de quien no han oído? ¿Cómo, a su vez, oirán sin alguien que predique?”. (Romanos 10:13, 14.) Esas palabras deberían grabar en cada uno de nosotros la necesidad de persistir en predicar las buenas nuevas del Reino de Dios.
98. Seguimos predicando por que la mayoría de la gente que nos rechaza no entiende ni puede apreciar la razón por la que nosotros tocamos a su puerta, sean ideas preconcebidas, la presión social, o la amenaza de ser rechazados ellos mismos por su grupo social, familiar o religioso, todos esos motivos los han llevado a catalogar nuestra labor como algo „simplemente molesto‟ o „digno de imitar‟, no como lo que realmente es, el llamamiento hacia la verdad que hace Dios. (Rev. 22:17) Mientras que todavía siga habiendo una sola persona allá afuera que no sepa 'Quien es Jehová‟, seguiremos aclarando toda la Verdad y quitando todo prejuicio „fuertemente atrincherado‟ (2Co 10:4; Ezequiel 39:7; Salmo 83:18).
99. El hecho de que todavía se pueda predicar es una expresión de la misericordia de Jehová. Ciertamente “Jehová no es lento respecto a su promesa, como algunas personas consideran la lentitud, pero es paciente para con ustedes porque no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento. Además, consideren la paciencia de nuestro Señor como salvación”. (2 Pedro 3:9, 15.) El deseo de Jehová de que hombres de toda clase se salven no se expresa solamente porque él ejerce paciencia y permite tiempo antes de ejecutar su juicio, sino también porque continuamente se dirige a los hombres pidiéndoles que se vuelvan a él y reciban salvación. (1 Timoteo 2:4.) A medida que continuamos predicando las buenas nuevas, hacemos que se destaque la misericordia de Dios, y de ese modo lo alabamos.
100. La predicación de hoy día se describe proféticamente en el capítulo 9 de Ezequiel. Allí se indica que Jehová había determinado castigar a la ciudad de Jerusalén. Antes de la ejecución de ese juicio, a un hombre vestido de lino y con un tintero de secretario a las caderas se le dice que pase por la ciudad y ponga una marca en la frente de todos los que suspiran por las cosas detestables que se hacen allí. Cuando esta obra de marcar terminara, se ejecutaría a toda persona de la ciudad excepto a las que hubieran sido marcadas para sobrevivir. Al completar con éxito su obra de marcar, el hombre informó: “He hecho tal como me has mandado”. (Ezequiel 9:11.) Cumplió fielmente su asignación hasta terminar. El hombre vestido de lino representa al resto ungido de los seguidores de Cristo, y a ellos se une la “gran muchedumbre” de “otras ovejas”. La gran cuestión hoy —como en el tiempo de Ezequiel— es la vindicación de la soberanía de Jehová. Sobre el fin del inicuo sistema de cosas actual en la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso, Jehová dice: “Y las naciones tendrán que saber que yo soy Jehová”. (Revelación 7:9; Juan 10:16; Ezequiel 39:7.) Para que las naciones sepan esto es necesario que los siervos de Jehová en la Tierra continúen predicando Su nombre y propósito como testimonio a todas las naciones.
101. En conclusión predicamos porque toda la Biblia, sus profecías y dichos hablan acerca de aquellos que servirían a Jehová como „Proclamadores del Reino‟ y sabemos que si NO participáramos en esta obra, sería como estar rechazando al mismísimo Dios que nos dio la vida y al que debemos todo, hasta haberlo conocido, Sí, unidos a una voz „alabaremos a Jehová‟ todos nosotros, sus servidores, hasta que Él diga: „Basta‟, ciertamente efectuaremos dicha obra con aguante, esperanzados con las palabras de Jesús, quien dijo: “El que haya aguantado hasta el fin es el que será salvo‟ „Y ¡Miren!, estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas” (Mt 24:13;28:20). “Si queremos ir al paraíso jamás debemos dejar de efectuar esta maravillosa obra” Basado en parte en los artículos de w04 15/3 págs. 10-23; w04 1/7 págs. 8-13; w88 1/1 pág. 28

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