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Friday, July 8, 2011

Jesús temía a Dios


 

Si así es, considere lo que significa ser cristiano. Según la Biblia, ser cristiano envuelve el seguir con sumo cuidado y atención los pasos de Jesucristo. (1 Pedro 2:21.) Pues bien, aunque no hay duda de que Jesús amaba a Dios, la Biblia muestra claramente que también le temía. Isaías, refiriéndose proféticamente a Jesús, dijo que él tendría “el espíritu de conocimiento y del temor de Jehová”. (Isaías 11:2.) Sin embargo, un dato interesante es que este temor no fue una carga para Jesús. No debemos pensar que es un temor como el de un niño que teme a un padre cruel, o como el de una población a la que aterroriza un gobernante opresivo. De hecho, Isaías también profetizó sobre Jesús: “Habrá disfrute por él en el temor de Jehová”. (Isaías 11:3.) 

¿Cómo puede uno disfrutar de temer a alguien?
 

La realidad es que en la Biblia la palabra “temor” tiene varios matices de significado. Hay el temor o pavor físico que nos afecta cuando alguien quiere hacernos daño. Por ejemplo: los ejércitos israelitas le “tenían muchísimo miedo” a Goliat. (1 Samuel 17:23, 24.) También hay el temor a lo que nos sorprende inesperadamente o a lo que desconocemos, como el que sintió Zacarías cuando de súbito se vio frente al ángel de Jehová en el templo. (Lucas 1:11, 12.) Sin embargo, el temor de Jesús a su Padre no era como ninguno de esos temores.
 

Más bien, las palabras bíblicas originales para “temor” que se usaron en hebreo y en griego suelen referirse a profundo respeto o profunda reverencia a Dios. Esa era la clase de temor piadoso que tenía Jesús y que el ángel anima a toda persona a cultivar hoy. Esta respetuosa reverencia, o temor, se nos arraiga en el corazón cuando meditamos en el poder de Jehová y lo comparamos con lo absolutamente insignificantes que somos. 

Crece cuando contemplamos las magníficas y poderosas obras de Dios, y también se desarrolla cuando recordamos, con devoción, que él es el Juez Supremo, y puede tanto dar vida como castigar con muerte eterna.
 

Ese temor es vital, porque impide que cometamos males y, por decirlo así, tomemos a Dios por sentado. Nos lleva a evitar la actitud del que se dice: ‘Dios me perdonará, porque sabe que soy débil’, cuando nos hallamos frente a una tentación y quizás preferiríamos rendirnos a pelear. Como nos dice Proverbios 8:13: “El temor de Jehová significa odiar lo malo”. Y Proverbios 16:6 añade: “En el temor de Jehová uno se aparta de lo malo”. Adán y Eva no manifestaron este temor propio y sano a Jehová, pues le desobedecieron. ¿Y qué les pasó como resultado? Sintieron otro temor, de índole negativa, y se escondieron de Su presencia. Adán dijo: “Oí tu voz en el jardín, pero tuve miedo”. (Génesis 3:10.)
 

A diferencia de Adán y Eva, Job permaneció fiel a Jehová a pesar de las pruebas más severas. ¿Por qué? Jehová mismo dijo que Job era ‘un hombre que le temía y por eso se apartaba del mal’. (Job 1:8; 2:3.) Hoy, ¡debemos asegurarnos de que Jehová pueda decir lo mismo de nosotros! El temor a Dios es apropiado, y debe ser parte de nuestro pensar.

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