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Sunday, July 10, 2011

Las bendiciones de las buenas nuevas


 

“Jehová me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los mansos. Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, [...] para consolar a todos los que están de duelo.” (ISAÍAS 61:1, 2.)
 

CIERTO día de sábado, a principios de su ministerio, Jesús se encontraba en la sinagoga de Nazaret. Dice el relato que “se le dio el rollo del profeta Isaías, y abrió el rollo y halló el lugar donde estaba escrito: ‘El espíritu de Jehová está sobre mí, porque él me ungió para declarar buenas nuevas’”. Siguió leyendo el resto del pasaje profético, tras lo cual se sentó y dijo: “Hoy se cumple esta escritura que acaban de oír” (Lucas 4:16-21).
 

 De esta manera se reveló como el evangelizador profetizado, aquel que daría buenas nuevas y consuelo (Mateo 4:23). Y las suyas eran en verdad buenas noticias. Dijo a sus oyentes: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, de ninguna manera andará en oscuridad, sino que poseerá la luz de la vida” (Juan 8:12). 

Afirmó asimismo: “Si permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los libertará” (Juan 8:31, 32). En efecto, Jesús tenía “dichos de vida eterna” (Juan 6:68, 69). Luz, vida, libertad: ciertamente bendiciones que deben estimarse como si fueran un tesoro.
 

 Después de Pentecostés de 33 E.C., los discípulos de Jesús continuaron su obra de evangelización. Predicaron las “buenas nuevas del reino” tanto a los israelitas como a la gente de las naciones (Mateo 24:14; Hechos 15:7; Romanos 1:16). 

Quienes respondieron llegaron a conocer a Jehová Dios, fueron liberados de la esclavitud religiosa y entraron a formar parte de la nueva nación espiritual, “el Israel de Dios”, cuyos miembros esperan gobernar para siempre en los cielos con su Señor, Jesucristo (Gálatas 5:1; 6:16; Efesios 3:5-7; Colosenses 1:4, 5; Revelación 22:5). Aquellas fueron, sin duda, bendiciones inestimables.

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