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Friday, July 15, 2011

La humildad es amorosa y perdonadora


 

A algunas personas les cuesta decir “Lo siento, me equivoqué. Tenías razón”. ¿Por qué? Porque son muy orgullosas. No obstante, con mucha frecuencia una disculpa sincera pone fin fácilmente a una discusión matrimonial.
 

¿Estamos dispuestos a perdonar cuando alguien nos ofende?, ¿o, con orgullo, guardamos rencor, quizá durante días y hasta meses, y nos negamos a hablar con el supuesto ofensor? ¿Llegamos a vengarnos para hacerle pagar lo que ha hecho? Ha habido venganzas que han resultado en la muerte de algunas personas. En otros casos, lo que se ha hecho ha sido arruinar su reputación. El humilde, en cambio, es amoroso y perdonador. ¿Por qué? Porque el amor no lleva cuenta del daño. Jehová estaba dispuesto a perdonar a los israelitas si se tragaban su orgullo. El seguidor humilde de Jesús está dispuesto a perdonar, incluso en repetidas ocasiones (Joel 2:12-14; Mateo 18:21, 22; 1 Corintios 13:5).
 

El humilde ‘lleva la delantera en mostrar honra al prójimo’ (Romanos 12:10). La Sagrada Biblia, Universidad de Navarra, dice: “Honrando cada uno a los otros más que a sí mismos”. ¿Alabamos a los demás y valoramos sus aptitudes y talentos? ¿O tenemos que encontrar siempre un defecto que empañe su reputación? Sí, ¿somos capaces de alabar con sinceridad a otras personas? Si se nos hace difícil, puede ser 
que nuestros problemas sean la inseguridad personal y el orgullo.
 

El orgulloso es impaciente. El humilde es paciente y sufrido. ¿Qué puede decirse de nosotros? ¿Nos duele percibir un trato desfavorable? Tal reacción es lo contrario a ser sufrido. Si somos humildes, no nos tomaremos demasiado en serio. Recordemos lo que ocurrió cuando los discípulos de Jesús se tomaron muy en serio: discutieron acaloradamente sobre quién iba a ser el más importante. Olvidaron que todos eran ‘esclavos que no servían para nada’ (Lucas 17:10; 22:24; Marcos 10:35-37, 41).
 

El escritor francés Voltaire dijo que la humildad era “la modestia del alma [...,] el antídoto del orgullo”. En efecto, es necesario tener humildad mental. El humilde es modesto de espíritu, no altivo. Es muy respetuoso y considerado.
 

Por tanto, ¿por qué tratar de ser humildes? Porque la humildad cuenta con la aprobación de Dios y nos ayuda a obtener su guía. Fue en parte la humildad de Daniel lo que hizo que Jehová lo considerara “muy deseable” y le enviara a un ángel con una visión (Daniel 9:23; 10:11, 19). 

La humildad trae muchas recompensas. Buenos amigos que nos aman. Y más importante: la bendición de Jehová. “El resultado de la humildad y del temor de Jehová es riquezas y gloria y vida.” (Proverbios 22:4.)

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