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Wednesday, July 13, 2011

Oremos con espíritu humilde


 

 Sea que oremos en público o en privado, un importante principio bíblico que tener presente es que las oraciones deben ofrecerse con una actitud humilde (2 Crónicas 7:13, 14). El rey Salomón hizo una humilde oración pública en la dedicación del templo de Jehová ubicado en Jerusalén. Salomón había terminado uno de los edificios más majestuosos que jamás se habían construido en la Tierra. Sin embargo, oró con humildad: “¿Verdaderamente morará Dios sobre la tierra? ¡Mira! Los cielos, sí, el cielo de los cielos, ellos mismos no pueden contenerte; ¡cuánto menos, pues, esta casa que yo he edificado!” (1 Reyes 8:27).
 

 Al igual que Salomón, debemos ser humildes cuando representamos a los demás en una oración pública. Aunque no debemos hablar con misticismo, el tono de la voz puede reflejar nuestra humildad. Las oraciones humildes no son grandilocuentes ni teatrales. No atraen la atención a la persona que las hace, sino a Aquel a quien van dirigidas (Mateo 6:5).

La humildad también se demuestra por lo que decimos en la oración. Si oramos humildemente, no parecerá que exigimos a Dios que haga ciertas cosas a nuestra manera. Antes bien, pediremos a Jehová que actúe de tal modo que armonice con su sagrada voluntad. El salmista ejemplificó la actitud apropiada cuando rogó: “¡Ay, pues, Jehová, salva, sí, por favor! ¡Ay, pues, Jehová, otorga éxito, sí, por favor!” (Salmo 118:25; Lucas 18:9-14).

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