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Sunday, January 22, 2012

¿De qué cosas debemos huir los cristianos?



“Prole de víboras, ¿quién los ha intimado a huir de la ira venidera?” (MAT. 3:7.)

¿PUEDE pensar en algún personaje bíblico que haya tenido que salir huyendo? El joven y apuesto José, por ejemplo, huyó de la esposa de Potifar cuando esta intentó obligarlo a acostarse con ella (Gén. 39:7-12). Y los primeros cristianos huyeron de Jerusalén en el año 66 de nuestra era, siguiendo este mandato de Jesús: “Cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos acampados, entonces [...] los que estén en Judea echen a huir a las montañas, y los que estén en medio de Jerusalén retírense” (Luc. 21:20, 21).
 

 Tanto José como los cristianos del siglo primero tuvieron que huir en sentido físico. Hoy día, los cristianos de todo el mundo también tenemos la necesidad urgente de huir, pero en sentido figurado. Fue con este sentido con el que Juan el Bautista usó la palabra “huir” cuando vinieron a verlo algunos líderes religiosos judíos. Estos hombres se creían muy justos y no pensaban que tuvieran nada de que arrepentirse.

Además, menospreciaban a la gente común que acudía a Juan para bautizarse como muestra de su arrepentimiento. De modo que, con valor, Juan los acusó de ser hipócritas: “Prole de víboras, ¿quién los ha intimado a huir de la ira venidera? Pues, produzcan fruto propio del arrepentimiento” (Mat. 3:7, 8).
 

 Juan no hablaba de huir en sentido físico. Más bien, estaba advirtiéndoles a estos hombres que se acercaba el día de la ira de Dios, el juicio divino, y que si querían escapar de él, debían demostrar con acciones su arrepentimiento. Tiempo después, Jesús denunció con valor a los líderes religiosos, pues la actitud asesina de estos revelaba que su verdadero padre era el Diablo (Juan 8:44). 

Además, les hizo una advertencia similar a la de Juan. Los llamó “prole de víboras” y les preguntó: “¿Cómo habrán de huir del juicio del Gehena?” (Mat. 23:33). Ahora bien, ¿a qué se refería Jesús cuando habló del Gehena?
 

 Gehena era el nombre de un valle localizado fuera de las murallas de Jerusalén en el cual se quemaba basura y cadáveres de animales. Jesús utilizó ese nombre como símbolo de muerte eterna (véase la pág. 27). Al advertirles a los líderes religiosos que no podrían huir del Gehena, Jesús quería decir que, como grupo, merecían destrucción eterna (Mat. 5:22, 29).
 

 Los líderes judíos se hicieron aún más merecedores de castigo al perseguir a Jesús y a sus discípulos. Finalmente, tal como habían advertido Juan y Jesús, el día de la ira de Dios llegó. En esta ocasión, Jehová centró su ira en una zona en particular, Jerusalén y el resto de Judea, de modo que era posible huir físicamente. 

La ira divina se manifestó cuando Jerusalén y su templo fueron destruidos por los ejércitos romanos en el año 70 de nuestra era. Aquella fue la mayor “tribulación” que había sufrido Jerusalén; una enorme cantidad de judíos murieron o fueron hechos prisioneros. Pero este suceso prefiguró una destrucción mucho mayor, la cual se cierne hoy sobre los miembros de la cristiandad y de otras religiones (Mat. 24:21).




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