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Sunday, March 13, 2011

¿Está Dios en todas partes?


El punto de vista bíblico

 
DE Dios se dice con justicia que es omnipotente y omnisciente, o en otras palabras, que su poder y su sabiduría son infinitos. Sin embargo, en un intento por describir mejor su grandeza, hay quienes, creyendo que el Creador se encuentra en todos los lugares a la vez, le aplican un tercer adjetivo: omnipresente.
 
Aunque ninguno de estos tres calificativos aparece en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas 
Escrituras, los dos primeros tienen una clara base bíblica (Génesis 17:1; Hebreos 4:13; Revelación [Apocalipsis] 11:17). En efecto, Dios es omnipotente y, además, omnisciente, en el sentido de que no se le puede esconder nada. Ahora bien, ¿podría calificársele de omnipresente? ¿Está él en todas partes, o reside más bien en un lugar específico?
 
¿Dónde está Dios?
 
Varios versículos dicen que “los cielos” son “el lugar establecido de [la] morada” de Dios (1 Reyes 8:39, 43, 49; 2 Crónicas 6:33, 39). Sin embargo, un pasaje bíblico expresa la magnitud de Jehová en los siguientes términos: “¿Verdaderamente morará Dios con la humanidad sobre la tierra? ¡Mira! El cielo, sí, el cielo de los cielos mismos, no puede contenerte” (2 Crónicas 6:18).
 
Las Escrituras indican que “Dios es un Espíritu”, y que, como tal, no reside en el universo físico, sino en una región inmaterial (Juan 4:24). Al referirse a esta morada divina como “los cielos”, la Biblia destaca su carácter excelso, en contraste con el entorno material en el que vivimos los humanos. Así pues, la Palabra de Dios manifiesta que el Altísimo se halla en un lugar que no tiene nada que ver con el universo físico y que, sin embargo, no por ello deja de ser específico (Job 2:1, 2).
 
Dios es un ser real
 
Jesús habló del lugar donde reside Jehová cuando dijo a sus discípulos: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas. [...] [Yo] voy a preparar un lugar para ustedes” (Juan 14:2). ¿Adónde fue Cristo? Poco tiempo después “entró [...] en el cielo mismo, para comparecer ahora delante de la persona de Dios a favor de nosotros” (Hebreos 9:24). Lo antedicho aporta dos datos importantes sobre Jehová. En primer lugar, nos dice que está en un sitio en particular, y segundo, que es un ser real, no una fuerza indefinible que todo lo ocupa.
 
Por eso, Jesús enseñó a sus seguidores a orar así: “Padre nuestro que estás en los cielos”. Como se ve, debían dirigirse a un ser concreto, Jehová, quien está en un lugar específico, en los cielos espirituales (Mateo 6:9; 12:50). Estas instrucciones sobre la forma de orar concuerdan con las que siguió el pueblo de Dios durante más de mil quinientos años. Por ejemplo, los escritos inspirados más antiguos contienen la siguiente plegaria: “Mira, sí, desde tu santa morada, los cielos, y bendice a tu pueblo” (Deuteronomio 26:15).
 
El espíritu santo de Dios, una fuerza de gran alcance
 
Aunque la Biblia siempre sitúa a Dios en un lugar específico, suele indicar que su espíritu santo es ubicuo, es decir, que puede hallarse en todas partes. “¿Adónde puedo irme de tu espíritu, y adónde puedo huir de tu rostro?”, preguntó el rey David (Salmo 139:7). Hay quienes no han entendido bien estas palabras y han llegado a la conclusión de que Dios es omnipresente. Sin embargo, al analizar el contexto de este y otros versículos, queda claro que Jehová, desde su morada, tiene la opción de enviar el espíritu santo —su poder divino en acción— a cualquier rincón del universo material.
 
Al igual que un padre alarga la mano para consolar y ayudar a sus hijos, Jehová extiende su mano, es decir, su espíritu santo, una fuerza que puede llegar a cualquier lugar tanto de la región espiritual como del universo físico, a fin de cumplir Su propósito. De ahí que el salmista llegara a decir: “Si tomara las alas del alba, para poder residir en el mar más remoto, allí, también, tu propia mano me guiaría y tu diestra me asiría” (Salmo 139:9, 10).
 
Dios nos ofrece su amistad
 
En su gran humildad y amor, Jehová Dios permite que se utilicen términos humanos para describir con la mayor precisión posible su persona y su morada. Esta es una de las maneras en que “se rebaja a mirar lo que hay en los cielos y en la tierra” (Salmo 113:6, Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español). Con todo, la naturaleza del Creador se escapa a la comprensión humana.
 
Jehová es un ser tan glorioso, excelso y maravilloso que resulta imposible describirlo a la perfección con términos humanos. Por eso, aunque las Escrituras indiquen que su morada celestial es un lugar específico, no podemos comprender completamente dicha dimensión espiritual (Salmo 139:6).
 
Aun así, resulta reconfortante conocer un poco la verdadera naturaleza de Jehová, saber que no es una fuerza impersonal abstracta dispersa por el cosmos, sino un ser real, cariñoso y tierno, que reside en un lugar concreto. Saber esto nos permite disfrutar del mayor privilegio al alcance de un ser humano: la amistad eterna con el Altísimo, el Soberano del universo (Santiago 4:8).

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