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Wednesday, March 9, 2011

¿Cuándo vendrá el Reino de Dios?


 
“SEÑOR, ¿estás restaurando el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6.) Esta pregunta de los apóstoles indica que estaban ansiosos por saber cuándo establecería Jesús su Reino. Y hoy día, unos dos mil años después, muchas personas siguen preguntándose con impaciencia: “¿Cuándo vendrá el Reino de Dios?”.
 
Puesto que Jesús hizo del Reino el tema principal de su predicación, es de esperar que contestara esa pregunta. Y así fue, pues habló extensamente de un período concreto de tiempo al que llamó “la presencia del 

Hijo del hombre” (Mateo 24:37). Dicha presencia guarda estrecha relación con el establecimiento del Reino mesiánico. Por eso, ¿qué es la presencia de Cristo? Veamos cuatro aspectos fundamentales que revela la Biblia sobre dicha presencia.
 
1. La presencia de Cristo comenzaría mucho tiempo después de su muerte. En una de sus parábolas, Jesús se comparó a un hombre que “viajó a una tierra distante para conseguir para sí poder real”, es decir, “un reino” (Lucas 19:12; nota). ¿Cómo se cumplió esta ilustración profética? Pues bien, una vez que Jesús murió y fue resucitado, viajó a la “tierra distante”, que representa el cielo. Y tal como predijo en una parábola similar, “después de mucho tiempo” volvería investido de poder real (Mateo 25:19).
 
Algunos años después de que Jesús ascendió al cielo, el apóstol Pablo escribió: “[Jesús] ofreció un solo sacrificio por los pecados perpetuamente, y se sentó a la diestra de Dios, esperando desde entonces hasta que se coloque a sus enemigos como banquillo para sus pies” (Hebreos 10:12, 13). Así que, tras ascender al cielo, Jesús esperó un largo tiempo. Dicha espera finalmente concluyó cuando Jehová Dios colocó a su Hijo en el trono del Reino mesiánico, prometido tanto tiempo atrás. En ese momento comenzó la presencia de Cristo como Rey. Pero ¿verían los seres humanos ese acontecimiento trascendental?
 
2. La presencia de Cristo es invisible. Recuerde que Jesús habló de la señal de su presencia (Mateo 24:3). Piense en esto: si su presencia fuera visible, ¿verdad que no se necesitaría una señal? Pongamos un ejemplo. 

Imagine que emprende un viaje a la costa para ver el mar. Quizá encuentre señales indicadoras a lo largo del trayecto, pero una vez que llegue a la orilla y contemple la inmensa masa de agua que se extiende hasta el horizonte, ¿esperaría encontrar un gran letrero que dijera: “Este es el mar”? ¡Claro que no! ¿Para qué ponerle una señal a algo que uno puede reconocer en cuanto lo ve?
 
Si Jesús tuvo que detallar la señal de su presencia, es porque esta no sería evidente. En realidad, la señal nos ayudaría a percibir algo que tendría lugar en los cielos. Por eso declaró: “El reino de Dios no viene de modo que sea llamativamente observable” (Lucas 17:20). Entonces, ¿cómo revelaría la señal que la presencia de Cristo ya habría comenzado?
 
3. La presencia de Jesús sería un período marcado por graves problemas en la Tierra. Jesús dijo que su presencia como Rey en los cielos sería un tiempo de guerras, hambrunas, terremotos, epidemias y delincuencia aquí en la Tierra (Mateo 24:7-12; Lucas 21:10, 11). ¿A qué se debería todo ese sufrimiento? 

La Biblia explica que Satanás, “el gobernante de este mundo”, está lleno de ira, pues sabe que le queda poco tiempo ahora que ha comenzado la presencia de Cristo como Rey (Juan 12:31; Revelación 12:9, 12). De hecho, en nuestros días hay abundantes pruebas visibles de la cólera de Satanás y de la presencia de Cristo. Tales pruebas se han visto a una escala mundial y sin precedentes desde 1914, año en que, según los historiadores, el mundo cambió.
 
Quizá le parezca que todo esto pinta un cuadro muy sombrío, pero no es así. En realidad, las cosas que están pasando indican que el Reino mesiánico ya está gobernando en los cielos. Muy pronto, ese gobierno asumirá el dominio de toda la Tierra. Pero ¿cómo podrían los seres humanos saber que ese Reino existe y lo que deben hacer para ser sus súbditos?
 
4. Durante la presencia de Jesús se realizaría una obra mundial de predicación. Jesús declaró que su presencia sería un período parecido a “los días de Noé” (Mateo 24:37-39). Noé no solo fue el constructor del arca: también fue un “predicador de justicia” (2 Pedro 2:5). Advirtió a la gente que se acercaba el castigo divino. Pues bien, Jesús dijo que sus seguidores harían una obra similar durante su presencia. “Estas buenas nuevas del reino —profetizó— se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14.)
 
Como vimos en el artículo anterior, el Reino de Dios destruirá a todos los gobiernos del mundo. Mediante la predicación del Reino se advierte a los seres humanos que este gobierno celestial está a punto de asumir el control de la Tierra. De esa forma, se les da la oportunidad de escapar de la destrucción y hacerse súbditos del Reino. Por lo tanto, ahora la pregunta es: ¿qué hará usted?
 
¿Se beneficiará usted de lo que hará el Reino de Dios?

El mensaje que Jesús predicó ofrecía una esperanza incomparable. Hace miles de años, tras la rebelión ocurrida en Edén, Jehová Dios prometió establecer un gobierno que llevara a cabo su propósito original. 

¿Y cuál es ese propósito? Que los seres humanos fieles vivan eternamente en un paraíso en la Tierra. ¿No le emociona saber que este gobierno prometido desde tanto tiempo atrás ya está funcionando en los cielos? Así es, el Reino de Dios no es un concepto abstracto ni lejano, sino toda una realidad.
 
El Rey que Dios ha nombrado ya está gobernando en medio de sus enemigos (Salmo 110:2). Pero aun en este mundo corrupto y alejado de Dios, el Mesías está cumpliendo el deseo de su Padre de buscar a todos los que quieren conocer cómo es Dios en realidad y adorarlo “con espíritu y con verdad” (Juan 4:24). 

A personas de toda raza, edad y condición social se les ofrece la esperanza de vivir para siempre como súbditos del Reino de Dios (Hechos 10:34, 35). Le animamos a que aproveche sin demora esta maravillosa oportunidad. Sí, profundice su conocimiento del Reino de Dios, pues así podrá vivir para siempre bajo su justo gobierno (1 Juan 2:17).

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